En apenas unos años, el patinete eléctrico ha pasado de rareza a formar parte del paisaje de cualquier ciudad. Pero ese cambio tan rápido tiene una cara menos amable. Según la DGT, los siniestros con patinetes se han multiplicado por más de cinco entre 2020 y 2024 (de 1.277 a 7.204).
Solo en Valencia, los heridos en accidentes de movilidad personal no dejan de subir. Pasaron de 549 en 2022 a 717 en 2024, según la Policía Local.
Y esto no va solo de patinetes. El auge de la bicicleta, los carriles bici, las zonas de bajas emisiones y la ampliación de los espacios peatonales han transformado toda la movilidad urbana.
El resultado es un espacio mucho más disputado. Quien camina, quien pedalea y quien conduce comparten el mismo metro cuadrado. Y los más expuestos son siempre los mismos.
En 2024, la DGT contabilizó 1.785 fallecidos en accidente de tráfico en España, y en ciudad la mayoría de las víctimas son peatones, ciclistas y usuarios de patinetes o motos.
Además, 2026 ha marcado un punto de inflexión. La nueva normativa (Ley 5/2025 y Real Decreto 52/2026) obliga a los vehículos de movilidad personal a llevar un seguro de responsabilidad civil.
También deben inscribirse en un registro de la DGT. El siguiente paso llegará en 2027, con la certificación técnica de cada patinete.
Y hacer que todo eso se cumpla en la calle recae, en buena parte, sobre la policía local.
En este artículo repasamos los retos de la movilidad urbana segura y cómo se adapta hoy la policía local para sostenerla.
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Funciones clásicas vs. nuevos retos en la movilidad urbana segura
Durante años, el trabajo de tráfico de la policía local se movió sobre un terreno bastante estable: regular la circulación, controlar el estacionamiento, atender los accidentes y vigilar que se cumplieran las normas. Tareas exigentes, pero conocidas.
Lo que ha cambiado no es solo que ahora haya patinetes. Es que apareció un parque de millones de vehículos mucho más rápido de lo que tardaron en llegar las reglas.
Y cuando esas reglas por fin han aterrizado – en 2026, con el seguro obligatorio y el registro en la DGT, y la certificación técnica obligatoria a partir de 2027 -, su cumplimiento en la calle ha recaído sobre la policía local.
Vigilar las normas ya no es comprobar una matrícula o un semáforo: ahora es fiscalizar si un patinete tiene seguro, si está registrado o si lleva su etiqueta identificativa, sobre un tipo de vehículo que hasta hace nada no controlaba nadie.
Y no es una cuestión de papeleo. En Valencia, de los siniestros viales con un VMP implicado en 2024, el 77 % se saldó con heridos. Detrás de cada control hay un riesgo real.
Así que el agente de hoy sigue haciendo lo de siempre – regular, sancionar -, pero además fiscaliza un marco normativo nuevo y media entre usuarios que muchas veces ni se conocen las reglas.
Prevención y presencia policial: claves para una movilidad urbana segura
Con los vehículos de movilidad personal, la presencia policial rinde más que con casi cualquier otro tipo de tráfico, y por un motivo concreto: el que se salta la norma en patinete rara vez es un infractor de oficio.
Suele ser alguien que no sabe que no puede ir por la acera o que no mide el riesgo, y esa persona corrige en cuanto ve un agente.
Por eso un coche patrulla bien colocado a la hora punta previene más accidentes que un puñado de multas tramitadas tres días después: el efecto disuasorio actúa en el momento, sobre quien todavía está a tiempo de no caerse ni llevarse a nadie por delante.
Por eso las plantillas que mejor lo gestionan no improvisan, sino que diseñan el dispositivo.
La Policía Local de Valencia, por ejemplo, planteó su campaña sobre VMP en dos fases: primero unos días solo de información y aviso, y después ya con sanciones, con los controles centrados en lo que más siniestralidad genera, el exceso de velocidad y la circulación por aceras.
El razonamiento es sencillo: con los VMP, se consigue más corrigiendo hábitos que acumulando sanciones.
Las entradas y salidas de los colegios son el terreno donde esto se ve más claro.
En esas franjas, peatones, bicis, patinetes y coches coinciden en muy poco espacio y con mucha prisa, y la sola presencia de un agente regulando el paso desactiva la mayoría de los sustos antes de que ocurran.
Ahora bien, la presencia preventiva solo sirve si está en el sitio correcto a la hora correcta. Y con unos recursos siempre limitados, eso obliga a elegir bien dónde colocarse, que es de lo que va la siguiente parte.
La importancia de ordenar las intervenciones
Si los recursos fueran infinitos, daría igual dónde colocarse. Como no lo son, toca elegir, y ahí la diferencia la marca saber dónde se concentra de verdad el problema. Porque la siniestralidad no se reparte por igual: se acumula en unas pocas calles y en unas franjas concretas.
Valencia lo tiene medido. En 2024, las calles con más siniestros de VMP y bicicleta fueron Guillem de Castro, el Jardí del Túria y la avenida del Port, cada una por encima de los cuarenta.
No es mala suerte: son ejes de mucho tránsito, con cruces conflictivos o tramos donde patinetes, bicis y peatones se disputan el mismo metro.
Con ese mapa delante, un dispositivo deja de ser una apuesta y pasa a ser una decisión: se refuerza donde los datos dicen que pasan las cosas, y a la hora a la que pasan.
Lo difícil no es entender esto – cualquier mando lo sabe -, sino tener esa información a mano y al día.
Saber qué calles, qué horas y qué reincidencias importan exige registrar lo que ocurre y poder consultarlo, no fiarlo a la memoria del que lleva más años. Y ahí es donde entra la tecnología.
¿Cómo ayuda la tecnología a una movilidad urbana segura?
Hay un detalle que suele pasar desapercibido: la mejor fuente de información sobre dónde y cuándo fallan las cosas en la calle es la propia policía local.
Cada incidencia que atiende, cada acta que levanta, cada control a un patinete sin seguro es un dato.
El problema es que, si ese dato se queda en un parte de papel o en la cabeza del agente, no sirve para el día siguiente.
Los sistemas de gestión policial existen, sobre todo, para que no se pierda. Cuando esa información se registra y se cruza, el trabajo diario empieza a alimentarse a sí mismo.
Las incidencias de las últimas semanas dibujan dónde se concentran de verdad los conflictos y eso indica dónde conviene estar antes de que ocurra algo. La prevención deja de depender de la intuición del más veterano y se apoya en lo que la plantilla ha ido registrando.
Hay además una ventaja que se nota cuando toca rendir cuentas.
Si un barrio reclama más vigilancia, o si hay que justificar por qué se refuerza un punto y no otro, tener el registro de lo que ha pasado allí convierte una corazonada en un argumento.
Y sirve igual para saber si una campaña ha funcionado: con los datos de antes y después, se ve si los avisos en esa zona han bajado o se han quedado igual.
A todo ello se suma lo más inmediato: el agente registra la intervención desde el móvil sin volver a comisaría, comprueba sobre la marcha si un VMP cumple el nuevo seguro y registro obligatorios, y comparte lo que ve para mejorar la coordinación entre tráfico, barrio y refuerzos.
Reunir todo esto en un solo sitio es lo que hace un sistema de gestión. En VinfoPOL lo hemos construido pensando en cómo trabaja de verdad la policía local española:
- Registro de intervenciones y actas desde el móvil o la tablet, sin volver a comisaría.
- Mapas de incidencias por zona y franja horaria para localizar los puntos negros.
- Consultas operativas en movilidad sobre vehículos y personas.
- Gestión de cuadrantes, turnos y recursos del día a día.
- Trazabilidad de toda la actividad, útil para la operativa y para rendir cuentas.
Si quieres ver cómo encajaría en tu municipio, escríbenos.